sábado, 20 de octubre de 2007

20.-

SEIS MINUTOS.


Después de seis minutos de chupada
como si el tiempo fuese lo de menos,
el pene erecto perforó en los senos,
el lánguido placer de su morada.


La espada puntiaguda y arrobada
buscaba en otro cielo los ajenos
sudores, y los gritos más obscenos
gimieron ante el arma descargada.


Y a poco de volver a dar un sorbo
de la bota de vinos y salivas
se abrió como amapola la vagina

y atracó su ninfómana rutina
acogiendo en furor las siempre vivas
esencias del avaricioso morbo.
19.-

DESNUDECES.



Desnuda y entregada a tu cintura,
perdida entre las cortes de los jueces,
mancillada una vez y tantas veces,
jurando que la excita una locura.


Partida de ajedrez en la basura
donde pastan los cerdos en las heces,
me tiraste en la fosa que con creces
dotaste en el figón de la espesura.


Hoy me alberga un impacto taciturno
de conseguir garitas de tiovivo.
Admito que desprecio cada turno

porque sé que este alambre en el que vivo
va dejando tirado en el coturno
del sado-desamor otro recibo.

18.- SEXO TELEFÓNICO.

18.-


SEXO TELEFÓNICO.


La voz en el teléfono acribilla
"quiero coger, ahora, ave morena"
reta el hombre secuaz a la chiquilla,
excitada María Magdalena.

A solas en su cuarto se acuclilla,
el goce del gemido la condena,
entregada va al mulo y a hurtadillas,
él embiste la hiel de su colmena.

Reina impúber, “te sobo y te la meto”,
(yo exalto los delitos que cometo).
"Lujuria del relámpago a porfía

te preño con sabor de sodomía,
enfermo tu pudor con mi deseo,
ardiendo y devorándonos, te creo".
17.-

PROSTITUTAS.


Ardiente por aforo, chupapijas,
el semen de la boca a la garganta
como un veneno sórdido atraganta
el rayo de libido de las hijas

de Eros. Y la noche en las rendijas
que amanece lamiéndole la santa
cabaña, inquisición, que no se espanta
ni lleva comezón en las sortijas.

Otra mueca de excesos y pecados;
otro albur con estupros avarientos,
otra zona de tedios incubados

por hombres que les pegan unos cientos
de ladillas y virus infectados
y el deseo jamás bebe los vientos.
16.-

LABERINTOS.


Navegante de Ariadna y de Quevedo,
castrada por el guante indivisible,
vas lamiendo la estela inmarcesible
del registro de un toro por el ruedo.

En cierta forma de mamario puedo
solventar la extrañeza inaccesible.
Es tiempo de manar un imposible
en ventanas sin luz, arder el miedo.


No hay fuego suficiente para asarlo
sin la pira caliente de la dama,
en la cama somier donde hay que atarlo.


Del negro continente, sombra en drama,
el clítoris dispuesto a no evitarlo.
Hijos del siglo XX, Cuor en llama.